Hace ya varias semanas que ando como una loca, como aquel ente que ves caminando por los pasillos de tu oficina y no puede hacer más que darte miedo y hacerte comentar: "mira ahí vienen la que dicen que no está muy bien de sus facultades mentales". Mi cabello es un desmadre, mis ojeras de mapache casi llegan a mis mejillas, tengo casi todas las pruebas de que tengo el chiquiti dedo del pie fracturado (y digo que las tengo porque no he ido al médico siquiera, ¡ja!); me he comido todas las uñas de los dedos (de las manos por supuesto), tengo una especie de sarna nerviosa y una larga lista de cambios corporales derivados del stress...tres, tres.
Extrañaba escribir, mucho, pero durante las últimas semanas lo último que he acertado a escribir son mails muy al estilo señor Godínez en la oficina (sin ánimo de ofender a todos los Godíncitos). De mi último post al de hoy ni sé cuanto tiempo ha pasado, ni quiero saber, pero no divagaré más en el hiato de mi poder escribano ... hoy es viernes y no hay nada que el fin de semana no pueda aliviar.
Hace 3 semanas todo era perfecto, miel sobre hojuelas, había encontrado un posgrado de mi interés y funcional para la vida y el trabajo. Estaba motivada, resplandeciente (ok, too much, tampoco fue así), lo tenía todo bajo control, estaba preparada mentalmente para mi nueva etapa estudia(mbril)ntil. Mi primer día el nervio y la agorafobia se apoderaron de mi, normal en situaciones de contacto con gente desconocida (porque sueno muy amigable aquí, pero en realidad eso de socializar no es lo mío, no en vivo). Todo iba bien, hasta que entró la flamante directora del posgrado a decirnos que si no se reunía un número mínimo de 8 personas no continuaríamos (solo eramos 5), en ese momento hiperventilé, morí y reviví para recordar las bondades de la educación privada. Resignada y preocupada terminó el primer módulo. Odié a esa señora y la odiaré de por vida, no en realidad no, pero si la odié en ese momento.
Esta semana tomé la decisión de cambiarme de Universidad, una dónde me garanticen la seguridad de término. Soy feliz y estoy más tranquila, pero este episodio de pánico y pena, solo fue un recordatorio muy amable de que a la gran mayoría de las Universidades solo les interesa tu posesión más preciada y difícil de conseguir: tu dinero. Tu tiempo, tu confianza y tu plan de vida, esos a nadie les importan, más que a uno mismo y a una que otra gente que te aprecia de verdad. No hablaré mal de las Universidades, no diré nombres y lugares, no en esta ocasión; tengo que parar los rants emocionales por un rato, ya fueron demasiados en un corto tiempo.
Agur.
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